ALGO SOBRE EL TUIS EN EUROPA
La resaca del éxito
Por: Leidy Esther Yepes García
Si la gente se pregunta cómo le fue al teatro UIS en Europa tengo que decir que este viaje fue un verdadero éxito. No tanto por la cantidad de público que nos vio, o por los buenos comentarios que surgieron después de nuestra presentación, sino por el sentimiento del deber cumplido, la tranquilidad de haber dado lo mejor de nosotros en el escenario y la alegría de la nueva experiencia, el nuevo público, las nuevas tablas. El éxito del que hablo se refiere a la sensación de orgullo que se despierta cuando el corazón se viste de los colores de nuestra bandera, cuando satisfechos nosotros -y satisfechos ellos- todo se derrama en un solo aplauso y nuestro corazón se hincha cuando recordamos dónde estamos y de dónde venimos. El asombro del público por lo que vieron nos indicó que no solamente nosotros vivimos una experiencia nueva, sino que ellos también la vivieron, vieron algo diferente a lo que se había presentado en el festival, antes y después de nuestras funciones.
Los días siguientes a nuestra presentación los dedicamos a ver teatro; dos puestas en escena diarias de los demás países invitados al festival: Marruecos, Bulgaria, Estonia, Bélgica, Armenia, Francia, Jordania, Benin, España, Canadá e Inglaterra. En medio de esta diversidad, pudimos comprobar que la lengua es una piedra en el camino de la interpretación ya que un gran porcentaje de nuestra comprensión se veía frustrado. Cada país presentó la obra en su idioma nativo, no había traductores ni mucho menos subtítulos, así que cada espectador debió hacerse una idea de lo que estaba viendo a partir, principalmente, de los lenguajes no verbales y generar su apreciación con base en ellos. Sin embargo esto no impidió que La Culebra Pico de Oro brillara en tierras extranjeras, generando en los asistentes distintas interpretaciones; cada cual vio lo que quiso ver y entendió lo que su poco o nada de español le permitió. No obstante, una cosa sí quedo clara para todos: nosotros llevamos nuestras raíces puestas y las plantamos en cualquier lugar del mundo en el que nos encontremos.
Si la gente se pregunta qué pensamos de todo lo vivido, entonces sabrán que para nosotros fue la oportunidad de corroborar que hacemos las cosas bien, quizás con más pasión de la que dejaron ver muchos actores de otras partes del mundo que dedican sus vidas a hacer teatro. Nos asombraron los grandes edificios, oscuros y tan viejos como no alcanzábamos a imaginar; las calles tan limpias y el respeto por los peatones. Conocimos otro tipo de comida, con una inmensa variedad en carnes curadas, quesos madurados y ensaladas. Nos impresionó lo pintoresco de sus mercados y, especialmente, el frío hasta cero grados centígrados que no se compara con ningún otro frío sentido antes. Fuimos testigos de la amabilidad de la gente cuando nos reconocían como extranjeros y, algunas veces, del mal chiste cuando nos reconocían como colombianos. Pero, si la gente se pregunta qué es lo que más nos ha causado asombro, diré que es el reconocimiento que obtuvimos como un grupo sólido y constante, por nuestro repertorio y nuestras horas de trabajo. Siendo estudiantes universitarios de diferentes carreras que buscamos el teatro como complemento a nuestra formación académica, no pensamos que íbamos a ser señalados como una criatura en vía de extinción, pero así fue. Dimos un tiro en el blanco -acertado- y mostramos que, en Colombia, los jóvenes no estamos perdidos y tenemos espíritu para consagrarnos en lo que realmente nos apasiona; en nuestro caso, en el teatro.
Si la gente se pregunta cuánta gente nos vio, entonces diré que nos vio la gente a la que le interesa el teatro, la gente que quería ver qué pasa en Colombia y si todo se parece a lo que muestran las noticias. Nos vio la gente que quería ver qué traía ese grupo de la UIS que venía de Bucaramanga y cuyo nombre les causaba tanta gracia; la gente que quería saber qué hacía que una obra durara dos horas; la gente latina que llevaba tantos años viviendo en Lieja y quería respirar un poco de aire latinoamericano; la gente del festival que fue a vivir la experiencia de ver una obra de teatro en otro idioma. Este fue el público que tuvimos, ni más ni menos; público suficiente para generar un aplauso que nos inundó de alegría y orgullo. En España, sin embargo, fue diferente; allí tuvimos un público que comprendía el español. A nuestras funciones fueron inmigrantes y, por supuesto, españoles curiosos por ver a un grupo latinoamericano, y mejor aun colombiano, dispuesto a mostrar el teatro que se hace en Santander y en la UIS.
En Lieja (Bélgica) y en Asturias (España) disfrutamos al máximo de cuatro funciones de una de las obras de nuestro repertorio, La Culebra Pico de Oro. Tres escenografías diferentes, tres teatros en los que resonará el eco de nuestras voces, o al menos el de las voces de nuestros personajes. Tres ciudades del viejo mundo, Lieja, Oviedo y Pola de Siero, tienen ahora un nuevo referente de los espectáculos teatrales de las universidades en Colombia: el del Teatro UIS. Ahora nos queda la resaca de la visita al viejo continente, las ganas de seguir trabajando cada día como en los diez últimos años, las varias invitaciones a festivales internacionales, los contactos, pero sobretodo las ganas de llevar nuestros espectáculos a cada rincón de nuestro país y de nuestro departamento para seguir diciendo al final de cada nueva presentación: "Tuvimos éxito".
Testimonios del público en Lieja (Bélgica), después de las funciones de la Culebra Pico de Oro.
Testimonios del público en Oviedo (España), después de la funcion de la Culebra Pico de Oro.
Testimonios del público en Pola de Siero (España), después de la funcion de la Culebra Pico de Oro.