El festival de Fanny
Por: Diana Katherine García Herrera
Tiquetes hacia Bogotá copados, aerolíneas atestadas y hoteles repletos; curiosos, aficionados y profesionales en el tema escogieron Semana Santa para pasarla en Bogotá. Un festival pomposo, lleno de colores, de publicidad y de un riquísimo cronograma, donde colombianos y extranjeros en general degustamos muestras artísticas, ya que en muchas de las salas de nuestros lugares de origen, es poco normal que todos los días se presenten grupos teatrales.
En Bogotá nadie se escapó del festival. Alcaldías, grandes cadenas de almacenes, centros comerciales, etc., se sentían orgullosos de portar el símbolo del festival: Fanny Mikey. Fue una gran fiesta no solo teatral; en ella estaba los hermanos del Teatro como los circos, los grupos de danzas, cuenteros, titiriteros, entre otros.
Tuve la oportunidad de ver el grupo Familie Flöz con la obra Teatro Delusio, de Alemania. Es una exquisita puesta en escena, donde no se pronuncia palabra alguna para contar las historias que suceden detrás del telón, detrás de bambalinas, mientras los actores se alistan para entrar al gran espectáculo. De forma cómica se cuenta lo que puede pasar en la vida real de cualquier teatro, con un elemento adicional: los actores tienen máscaras y, de una manera sorprendente, reflejan en su actuar miedo, risa, aburrimiento, angustia, alegría, sin necesidad de la expresión facial, a través de los movimientos del cuerpo. Una obra limpia en sus acciones, ingeniosa y universal, una verdadera muestra de teatro.
En las calles, la gente no cabía, unos iban, otros venían, todos con un objetivo en la cabeza: “quiero ver teatro”. En las salas, en las universidades, en los parques existía un común denominador, “boletería agotada”. El público se volcó masivamente a ver las artes escénicas y quería devorar las diferentes muestras.
Paralelo a este festival estaba el Festival Alternativo, un festival solidario con entradas al alcance de toda la ciudadanía. Tiene una tendencia hacia la creación colectiva, donde se deja mucho a la imaginación, utilizando primordialmente el juego de la semiótica, el lenguaje de los símbolos y, a veces, lo absurdo. Su común denominador es su constante crítica: a la guerra, a la situación económica y social del país.
En conclusión, como se decía en el festival: «La mejor forma de honrar la memoria de Fanny Mikey es continuar y fortalecer su legado». Su legado es un festival que, por su trabajo y entrega, consiguió convertirse, en 20 años, en uno de los eventos culturales más importantes del mundo. Pero su legado también es promover un movimiento donde se haga costumbre ir al teatro en todas las ciudades del mundo, que la gente vaya a las salas, a las calles, a los parques a ver las artes escénicas. Si lo logramos, tendremos el guiño de una mujer sensible y enérgica. Fanny Mikey nos demuestra una vez más que sí es posible hacer teatro en Colombia, que definitivamente la gente sí quiere ver teatro.