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Teatro UIS
en FINTDAZ 2009
(Iquique - Calama - Arica)
Teatro UIS en Iquique... Primera función

La función ha terminado, el público sale de su marasmo, retira las manos de sus abrigos para calentar la fría noche iquiqueña con un soberbio aplauso y los consabidos chiflidos que desde hace ya algún tiempo ingresaron a las salas y sitios de representación de artes escénicas inevitablemente traídos por la gente joven para quienes el aplauso es algo que no alcanza a expresar el cúmulo de emociones que los embarga. En la escena, están de vuelta tres actrices y un actor que, minutos antes y durante una hora, habían manipulado hábilmente las fibras más profundas de su sensibilidad humana.

Tras la escena, en el control de iluminación y sonido, tres técnicos y un director sonríen por el éxito de una representación en la cual, cada instante, existe la posibilidad del error y tensa los nervios hasta el límite. Pero ya habían llegado al otro lado y, con el dulce sabor del éxito, sólo desean saltar y abrazarse; sin embargo están seguros que, de hacerlo, recibirían una reprimenda del director, Omar Alvarez, quien les diría: “Parecen niños de teatro escolar”, para agregar inmediatamente, “no somos profesionales pero debemos aparentar serlo”, aunque en el fondo también quisiera, como sucedió esa tarde en el hemiciclo del Teatro Municipal de Iquique, bailar de alegría.

Dos de las actrices radian de orgullo y contento, mientras la tercera, de más edad y experiencia, cree que su desempeño personal pudo haber sido mejor; pero, cuando sus humanidades están en el espacio privado y aislado del camerino, las emociones no se contienen y los abrazos y muestras de agradecimiento y afecto iluminan el húmedo y vetusto camerino construido en 1895.

La obra siempre termina con una escena estrictamente visual en la cual un mendigo -habitante de un parque- anuda los tres pañuelos o trapitos de tres niños fallecidos a un gran festón hecho con cientos de trapitos de otros niños que han muerto esperando ser atendidos por ese hospital que está enfrente del parque donde sucede la acción. En este martes 13 de octubre, el mendigo entrega el extremo del festón al público que empieza a pasarlo de mano en mano hasta crear una decoración multicolor conmemorativa del infanticidio que la obra denuncia.

Cuando los miembros de la agrupación son solicitados en el escenario para recibir sus certificaciones y reconocimiento, el director Omar Álvarez expresa: “No es la política la que une los pueblos, es la cultura” y, refiriéndose al tema de la obra, añade: “El día que en el mundo no muera un niño por hambre, ese será un BUEN DÍA”.

A esta hora de la noche han olvidado todos los problemas del viaje y los contratiempos técnicos que pusieron a prueba la paciencia y las voluntades: Maletas estropeadas en los aeropuertos en la búsqueda por el delito de ser colombianos; equipos dañados por el maltrato de los acarreadores de las aerolíneas; la ingenuidad de traer equipos de voltaje 110 a un país de 220; enchufes de patas en un país de pines europeos… En fin, la entretención es larga y desde luego tienen que volverse héroes y esgrimir una consigna muy UIS: “Excelencia sobre dificultades”; eso tiene venir de una universidad industrial y cargar con la costumbre de que todo es posible, solucionable y/o reemplazable.

Esta es la primera de tres funciones; faltan dos más en otras ciudades incrustadas en el Desierto de Atacama; pero los aplausos recibidos sirven de aliciente para las que siguen y, como dicen los domadores de bestias: “Entre más brioso el animal, mejor el resultado”.

Por: José Domingo Buendia
SOMOS ACTORES... Segunda Función

Casi con la luz del sol nos levantamos para abordar el desierto. De repente, nos encontramos en el terminal de transportes rodeados de esos monstruosos e imponentes buses de dos pisos que van a las regiones andinas más lejanas. Sin embargo, nuestro destino era “Calama”, esa ciudad en medio del desierto en la que temíamos morir, deshidratados en el día o congelados durante la noche.

Luego de seis horas de paisaje desértico delineado en la ventanilla del bus, llegamos a nuestro destino. El sol era intenso y teníamos poco tiempo para el montaje, pero nosotros…somos actores…

Entonces, descubrimos un gran escenario frente a nosotros, el escenario en donde también dejaríamos impregnada nuestra alma aquella noche. El escenario que también debíamos compartir con una compañía de danza venezolana y otra mexicana; no solo a la hora de la presentación, sino en el montaje. Tres países, tres espectáculos, tres tendencias, tres planos de iluminación, tres escenografías, tres efectos de sonido y video diferentes; pero nosotros…somos actores… Fue así como la pasión por lo que hacemos nos llevó al consenso y a trabajar con el otro y por el otro. De manera que, en palabras acertadas de nuestro director “esto es lo que deberían hacer los países: sentarse a hablar”.

Las vertientes de nuestro español se abrazaban en el escenario y lo recorrían prontas, de tal manera que proyectábamos con el “data”, conectábamos múltiples enchufes a la zapatilla, marcábamos el espacio escenográfico con el masking, entre otras muchas cosas.

Listo el escenario, empieza a latir el corazón y la piel nos pide maquillaje para ocultar esa mujer, humilde, cansada, angustiada y esperanzada; y ese hombre resignado, enfermo y sensible que ya quieren salir. Late más a prisa cuando sabemos que existen dos espectáculos antes y por tanto, el público estará agotado cuando nos vea a las once de la noche; sin embargo, nosotros…somos actores…

“Hablen fuerte, llenen el escenario, porque hay poca acústica”. “Sí señor”, pero la piel tiembla y no solo por el frío. Esas mujeres deben llenar el escenario con su historia y no se puede acabar el aire, así nos encontremos a semejante altura. Sin embargo nosotros…somos actores…

Y con  la complicidad de nuestros técnicos de iluminación, sonido y video, se llenó  el escenario de pasiones, de lágrimas, de dibujos con las manos y los rostros. Nos llevamos los aplausos del público calameño, que como dice nuestra técnico de video “son aplausos muy sentidos, hechos con fuerza”. Todos suspiramos porque pudimos rozarle el alma a los espectadores, pudimos contar la historia que pasa aquí, allá, en toda América Latina.

No importó el aire, ni el sol del desierto, ni el frío congelante de la noche, ni los tres montajes simultáneos, ni la acústica; porque nosotros…somos actores.

Por: Karoll Rocio Uribe
Teatro UIS en el desierto... Tercera Función

Llegando a Arica
Si entras a Chile por el Norte, la primera ciudad que encontrarás es Arica. Para llegar a ella desde Iquique, atraviesas el Desierto de Atacama. No sólo verás la inmensa desolación del sitio más seco de la tierra; también encontrarás los vestigios mejor conservados de lo que fueron las oficinas salitreras, la Humberstone. Como en esos pueblos fantasmas del oeste norteamericano, al observar los campamentos y las máquinas que resisten la arena, el viento y la oxidación, imaginas los hombres y mujeres que vivieron y murieron a finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte espoleados por la fiebre del oro blanco que fue el salitre. El tiempo ha borrado por completo las huellas de aquella multitud de trabajadores pampeanos explotados que hace exactamente 100 años, en 1909, se reveló y partió en busca de la comprensión del puerto grande, para encontrar tan sólo la muerte. "Vamos mujer, partamos a la ciudad, todo será distinto, no hay que dudar. Ya vas a ver, porque en Iquique van a entender…", dice la Cantata de Santa María de Iquique. Pero es un eco que pronto se disuelve porque el bus no se detiene y te internas en la majestuosidad montañosa del desierto, donde, a pesar de la ausencia aparente de vida, te ves impactado por el misticismo que inspira el paisaje. El vehículo queda en silencio y el espectáculo de la naturaleza se impone sobre el bullicio propio de los actores. Latinoamericanos y europeos dirigen su mirada extasiada hacia el atardecer multicolor del Atacama que se extiende en casi 180 grados por el cielo; únicamente se oyen los clics de las cámaras que intentan, infructuosamente, capturar la grandiosidad del horizonte.

En 5 horas llegas a Arica. Las mañanas son siempre frías y nubladas pero en las tardes puedes disfrutar del sol, del mar azul que se estrella en explosiones de espuma contra los rompientes de la costa, en los que habitan los cangrejos. También puedes caminar por playas de arena sembradas en diversidad de conchas mientras compartes el espacio con las gaviotas que pescan su cena sobre las 6 de la tarde y no es raro que aparezcan leones marinos tomando sol, asomando sus bigotes o jugando a sumergirse y emerger sobre el agua.

Preparando la función
En el Teatro Municipal, nos reciben Yerko Tolic (de origen croata) y Novo Miyagi (de origen japonés), quienes dirigen la ETAR, la Escuela de Teatro de Arica, y están a cargo del FINTDAZ. También encontramos a dos jóvenes colombianos, Johan y Diana, quienes han creado su propio grupo, el Teatro Naciente, para salir de gira por Suramérica, aventura en la cual llevan ya cuatro meses. Nuestro director se sorprende pues es una actividad que era muy frecuente en los años 60 y 70 pero que actualmente muy poco se lleva a cabo; sin ocultar su nostalgia, los felicita y los anima a continuar con la empresa.
Compartiremos el escenario con CIELAROQUE, de Austria, y con la COMPAÑÍA DE PAPEL, de Santiago de Chile; las dos son agrupaciones de danza contemporánea e irán antes de nosotros. Para el montaje, los 8 integrantes de Colombia llegamos a las 9 de la mañana y el director técnico de Santiago al mediodía; los austriacos sólo vendrán una hora antes de la función y esperan encontrar todo listo. Esto nos indica la gran diferencia entre los grupos de danza y teatro, entre lo que es una compañía (como las de ellos) y un grupo (como el nuestro). En el Teatro UIS, todos tenemos una responsabilidad técnica que cumplir y todos nos sentimos responsables del espectáculo en su totalidad. En las compañías, los actores o bailarines sólo "actúan" o "danzan"; esto no es más que una diferencia en estilo de producción hasta que interfiere en la ejecución del espectáculo.

Sucede a las 6 de la tarde, cuando la compañía austriaca exige cambiar la configuración técnica de iluminación que hemos trabajado todo el día, lo cual implica que nuestra obra, en la que la luz juega un rol fundamental, corre el riesgo de salir mal. Es inevitable sentir cierta actitud de arrogancia de los europeos. Discutimos en voz baja -pero enérgicamente- con los organizadores: preferimos cancelar nuestra presentación antes que improvisar el manejo de luces. Ellos comprenden nuestra situación y además reconocen que, gracias a nuestra actitud de grupo, no sólo hemos solucionado nuestros problemas sino que también hemos ayudado a resolver los de otras agrupaciones. Se consulta con los técnicos del auditorio. Finalmente, encontramos la manera de superar el conflicto para que nuestra iluminación quede lista, tal como la hemos diseñado, en los 15 minutos de intermedio luego de la presentación de la COMPAÑÍA DE PAPEL.

Show time
El frío de la noche ariqueña alcanza a invadir el camerino que nos han asignado. Mientras nos maquillamos para acentuar la delgadez, el hambre y el agotamiento de las madres que tenemos que interpretar, intentamos alejar la tensión extra que ha representado el problema técnico. Hasta nosotros llega la música concreta que identifica a la obra Habibi problem de CIELAROQUE; es una obra inspirada en la historia de una pareja homosexual de Irán que enfrenta la pena de muerte. Cuando el público aplaude, ya estamos todos maquillados y vestidos. Empezamos nuestro calentamiento corporal y de voz. Cada uno tiene su rutina propia y escoge un punto del estrecho lugar para realizarla. Despobladores de COMPAÑÍA DE PAPEL tiene música en vivo y tampoco es melódica; pero esto es todo lo que sabemos de su espectáculo ya que nunca hemos podido verlo por el cruce de programación. Aprovechamos las ocasiones en que la música sube en intensidad para subir también el volumen de nuestros ejercicios vocales. Con el segundo aplauso se incrementa nuestro nerviosismo, pero debemos ayudar a montar y desmontar la escena. La espera parece demasiado larga y alcanzamos a preocuparnos por la demora. Sin embargo, pronto se calla el auditorio y escuchamos la introducción musical que da inicio a nuestro espectáculo. Ya todos estamos en el escenario y empieza la obra: "Acá, acá vamos a estar bien". Es una frase que adquiere sentido tanto para los personajes como para las actrices, el actor, el equipo técnico y el director de VIEJOS HOSPITALES, pues representa también el hecho de que, salvando variedad de obstáculos, hemos llegado a donde nos habíamos propuesto.
Hemos llevado el teatro santandereano más allá de las fronteras colombianas. Hemos aprendido lecciones invaluables no sólo desde el punto de vista artístico sino, más importante, desde el punto de vista humano. Participar en un festival no es simplemente hacer una función en otro país. Significa convivir, día y noche, con personas diferentes; un hecho que si es difícil para personas que comparten una misma cultura, exige una actitud mucho más madura y tolerante cuando los orígenes, los dialectos, las costumbres y los valores son diversos y hasta opuestos. Debes aprender a escuchar sin juzgar; debes aprender a ver con comprensión. Esto no sólo te enriquece como ser humano sino que también te afirma en tu propia identidad y te ayuda a apreciar aún más ese pedazo del mundo en el que vives y has convertido en tu hogar; con defectos, sí, pero que te hace sentir algo que no sientes en ningún otro sitio, y que descubres cuando te bajas del avión en el Aeropuerto de Palonegro y miras la panorámica de la ciudad: aquí es donde perteneces. 

Por: Clara M. Guerrero
Teatro UIS
en FINTDAZ 2009
(Iquique - Calama - Arica)