Gorditas, espejo mágico o espejismo
Por: Carolina Villamizar Pacheco
(Actriz del Teatro UIS, Licenciada en Español y Literatura)
«Yo soy… yo soy… soy mucha gente. Soy lo que tú quieras. No sé quién soy. ¿DÓNDE ESTÁ MI PREMIO?» Son las palabras de Valentina Guerrero ante el Gran Salón del Premio Cleo, el evento más importante para los publicistas; sin embargo, esta declaración no configura sólo este personaje, pues se repite de principio a fin en la caracterización de cada una de las mujeres de la obra. Para ustedes inicialmente no significará nada leer una línea de Valentina para comprender de qué trata Gorditas, pero podrán constatar en cada función cómo ellas encarnan la realidad de la mujer contemporánea, sumergida en el mundo de la imagen donde la identidad se desfigura en el deseo desmedido convertido en ambición: de una figura esbelta, de reconocimiento, de prestigio y de poder.
Gorditas no denuncia abiertamente el estereotipo femenino expuesto e impulsado en la publicidad y todos los medios de comunicación y en el cual muchas mujeres caen como borregos; Gustavo Ott prefiere el dulce sabor del sarcasmo, la crítica trae consigo una ilusión de cambio, la mueca estrambótica de la ironía no espera este cambio, está derrotado de antemano. A ninguna de las cuatro les importa en realidad encontrar la eternidad, alusión a la realización del ser; por el contrario las mueve, sin importar el prototipo social de buena o mala mujer retratado en sus perfiles, la ambición de conseguir algo que no poseen o de rebasar esas ambiciones a cualquier precio; en conclusión, son ellas cuatro jarrones vacíos.
Pero, no es suficiente lo dicho anteriormente, querrán saber un poco de los personajes, quizás descubran a una conocida en Gorditas. En todo caso la obra no habla de las mujeres sino del fenómeno de Mujer Espectáculo, desesperada por alcanzar una similitud con un maniquí de los más finos escaparates, desesperada por la igualdad sexual en el campo profesional donde ella misma termina convirtiéndose en parte del problema, el problema de la Máquina Humana. La mujer de Gorditas ha caído en la trampa de la realización del Ser, en la obra la llegada a la eternidad, expuesta en productos que hacen más perfecta la vida. No, en definitiva nada de lo dicho anteriormente es suficiente.
Angélica Siso, dueña de una Agencia de publicidad. Su trabajo consiste en dirigir sus propios negocios, sin empleados que puedan arrebatarle lo que ella le quita a otros creativos talentosos: ideas que terminan a la cabeza de los más jugosos contratos de Angélica; en el transcurso de la obra la ejecutiva elabora dos planes (Orquídea y Bombón), pasos iniciales de un plan más sofisticado de robo. Y nadie le quita ni le quitará el poder, nadie la dejará de nuevo como docente, nadie le dejará un hijo para cuidar, ni siquiera en el sexo está dispuesta a ceder, ella no es una mujer… bueno, más bien no es una mujer como cualquiera (mujeres débiles dispuestas a obedecer). Ella ha nacido para mandar, para estar encima de los otros, para ser más alta que cualquiera, si es preciso que Dios porque él no manda en lo suyo.
Martina, edad: 24 años. Profesión: Creativa publicitaria. Estado: Divorciada dos veces. Estatura: entre 1.64 y 1.67. Peso: 90 kilos. Antigua profesión: Bailarina de ballet. Estado psicológico: cobarde excesiva apegada a la religión con ideales absurdos en la realidad. Ambición: Llegar a la luna, a la eternidad, o, si no hay otra opción, adelgazar… aunque cualquiera de las tres alternativas es perfecta para ella. Aptitud: Lectora en potencia del consumidor, cualquiera, creatividad visual. Mayor defecto: manipuladora de masas manipulada por todos. Unan cabos sueltos para descubrir quién es Martina entre todas sus "amigas".
Valentina Guerrero, copy del creativo mágico publicitario, encargada de la redacción de textos propagandísticos; pobre Valentina, busca su cuchillo perdido, pero la inteligencia sólo le da para ser asistente; copy, no: asistente. Valentina acostumbrada a engañar, pobre viborita, ella quiere brillar y su nombre estampar en los anales del gran mundo de la publicidad. Se alía con Angélica en una trampa para Martina; Valentina gana por traicionar, por aparentar una amistad. Valentina vive embebida en la vanidad superficial porque sabe que como intelectual nunca podrá la cima alcanzar. Desea ser poetisa y a las nubes llegar. Pobre creativa, fachada debe ser; sin embargo ella acepta porque no hay ninguna salida, su gran mentora le ha ofrecido una vía para ser reconocida. Pobre Valentina no es copy sino la manceba con piernas abiertas al mejor postor. Este es un poema escrito en el estilo poético de la poetisa de Gorditas: Valentina. Valentina, en la luna gravitando estás.
Elvira elabora, con el nombre completo y la fecha y país de nacimiento, la carta astral, guía indispensable para toda la vida, la estrella polar en el camino al conocimiento de la decisión más sabia entre los acontecimientos que ocurren en la vida diaria… sobre todo para conseguir hombres. Esta abogada, de gran prestigio en los gimnasios y en las citas de fin de semana con clientes muy influyentes en los astros, calcula también los tránsitos planetarios que le han servido hasta ahora para que todas sus relaciones amorosas lleguen a feliz término. (Aspiración profunda sólo por la nariz…) Claro que Elvira desea, como todas, la realización por encima de los prejuicios sociales arraigados con fuerza contra la mujer, deseosa algún día de abandonar las prácticas lujuriosas y conseguir su monte de Venus. La capacidad vidente de Elvira, comparable sólo a las habilidades de Prometeo el encadenado, le hace ver el futuro de su única y verdadera amiga pero no su propio triste destino.
Si tienen alguna pregunta no duden en ir a cualquiera de las funciones de Gorditas. Estas cuatro mujeres poseen en esencia cualidades que no logran descubrir nunca; pero, ustedes podrán verlas y encontrar lo escondido entre todos los estereotipos, de libre elección porque nadie obliga a ser; la sociedad contemporánea sólo incita, persuade y hasta presiona, falsos espejismos de una igualdad en la cual todos nos reducimos hasta quedar como jarrones vacíos.